¿Sabes lo que es un flashback?

¿Sabes lo que es un flashback?

jueves, 29 de octubre de 2020

DON QUIJOTE DE LA MANCHA

 

   El éxito y el prestigio del gran Rafel Gil que ya acumulaba en 1947 le decidieron a emprender su mayor obra, un empeño casi imposible por sus características pero que se hacía necesario realizar: la adaptación cinematográfica del Quijote. 


 

 

   La productora Cifesa aceptó con entusiasmo el proyecto de la filmación de la inmortal obra de Cervantes y no escatimó en gastos para su producción. Rafael Gil leyó varias veces el Quijote antes de escribir el guión, para el cual contó con el apoyo de Abad Ojuel y de Armando Cotarelo, designado por la Real Academia Española de la Lengua. Siempre se enorgulleció de que en toda la película no se pronuncia ni una sola frase que no hubiera sido escrita por Cervantes, por ello estamos ante la primera adaptación fiel e íntegra de la novela y no una recreación como serían las adaptaciones posteriores. Así lo reconocieron, entre otros Luis Buñuel y Orson Welles, como la mejor película jamás filmada sobre la epopeya cervantina. 


 

   Don Quijote de la Mancha es una auténtica superproducción española, con unos exteriores muy cuidados, unos decorados espectaculares de Enrique Alarcón, una fabulosa fotografía de Alfredo Fraile, que convierte muchas escenas en auténtica recreación pictóricas de las páginas de la novela y una excelente, aunque excesiva por momentos, banda sonora del prestigioso Cristobal Halffter.

   Con un reparto de lujo: Rafael Rivelles como un excelente Quijote, lo mismo que Juan Calvo logra con su Sancho el papel de su vida.  Junto a ellos destacan Sara Montiel en sus comienzos artísticos. También con secundarios de lujo como Manolo Moran, Julia Caba Alba, Fernando Rey en el papel del bachiller Sansón Carrasco.

   Esta película obtuvo la mención de honor del I Certamen Cinematográfico  Hispanoamericano, así como diversos premios para Rafael Rivelles. La película fue recibida con entusiasmo por la opinión pública española, por la crítica especializada y por intelectuales de reconocido prestigio. 


 

   Rafael Gil hizo un gran trabajo a la altura de su tiempo y su versión del Quijote era la que en aquél momento se tenía que hacer. El éxito popular fue respetable aunque no apoteósico, pero sin embargo la película tuvo una buena distribución hispanoamericana e incluso gozó de relevancia en Estados Unidos, donde se hicieron copias para las Universidades que sirvieron de estudio a todos los hispanistas del momento. Hasta incluso recibió una oferta de Hollywood que Rafael Gil tuvo que desechar.

   Esta película fue capaz de captar en imágenes el espíritu de Cervantes, su fiel adaptación del texto, un logro nada fácil de conseguir. Secuencias como la de los molinos de viento, el ataque a los rebaños de ovejas o la batalla de don Quijote contra los odres de vino, son antológicas y parecen sacadas literalmente de las páginas de don Miguel de Cervantes.


 

   Es cierto que es imposible adaptar todos los capítulos, pero la intención de rodar los más posibles y con un ritmo cinematográfico es meritorio. Se trata de un acercamiento con devoción y humildad y no con pretensión de ofrecer una visión particular del texto.

miércoles, 21 de octubre de 2020

HIJOS

    Hace unas semanas me encontré con un articulo que como un dardo da en la diana con una problematica y situación que esta presente en nuestra sociedad donde parece que tener hijos tiene muy mala prensa y estar en soledad se celebra como un "éxito" ...

   El artículo es de Alberto Olmos y lo publicó en El Confidencial. Aquí lo reproduzco:

" Tener hijos es de pobres y ya solo está bien visto si te cuestan dinero. Es decir, si tenerlos conlleva algún tipo de gasto en inseminación artificial. Es fascinante cómo la naturalización de un progreso o cambio social se pasa siempre de frenada. No están tan lejos aquellos días en los que ligar por internet (así en general) era de pringados. Cuando alguien decía que había conocido a su pareja “en internet”, la gente sentía pena, pues internet era la nueva versión de las clases de salsa, a las que, como todo el mundo sabe, solo te apuntas para encontrar novia. Ahora lo que es de pringados es no tener Tinder, ir por los bares.

El caso es que tener hijos naturalmente es como cutre, tener varios es de fachas y vivir todos en la misma casa, de franquistas. Leí la semana pasada un artículo en 'ElDiario.es' que venía a decir esto último. “La familia tal cual la entendemos es una herencia del estereotipo de los años setenta: papá, mamá y un par de hijos o tres. Pero ya no es real”, sentenciaba un señor. Mi familia no es real, amigos. Se ve además que en 1920, 1810 o 1270 nadie en todo el mundo tenía dos hijos ni vivía con ellos bajo el mismo techo, junto al otro cónyuge. Creíais que erais una familia y erais en verdad la Falange.

Yo qué sé. Vamos con ello. Vamos, agotadoramente, con ello. 

Los hijos

William Shakespeare promovía divinamente la procreación en su soneto XIII, cuya traducción es muy variada e insatisfactoria en nuestro idioma. Dice William, franquista de primerísima hora, que, bueno, te vas haciendo mayor, y esa belleza tuya a lo mejor merece replicarse, ponerse en otro (“and your sweet semblance to some other give”). También argumenta este mindundi que supone un desperdicio morirse y dejar que se desplome la casa de tu vida (“Who lets so fair a house fall to decay?”). Y remata el soneto con uno de los versos más extraordinarios que puedan leerse sobre padres e hijos: “You had a father: let your son say so”. Algo como: “Tuviste un padre, deja que tu hijo diga lo mismo” (“Tuviste un padre, que a ti te nombre un hijo”, García González; “Bien sabes que tú un padre tuviste: ten un hijo”, Rivero Taravillo).

  Los matices del verso son espectaculares. No se limita a decir: “Ten hijos”, sino: “Piensa en que tendrás un hijo que sabrá que tú fuiste su padre”. Esta galantería semántica puede aplicarse enseguida a nuestro tiempo. Las numerosas personas que arremeten contra los niños o recomiendan no tener hijos o se felicitan de que cada vez haya menos familias son, qué duda cabe, hijos de alguien. Sin embargo, hablan como si pertenecieran a una gama humana exclusiva, fruto de la luz solar o, quién sabe, surgida por generación espontánea que nada tiene que ver con aquello que torpedean. Se ríen de las embarazadas (“panza de burra”, dijo Elisa Beni) como si su propia madre no hubiera lucido barriga con ellos dentro; desprecian a los niños (Adrián Lastra) como si ellos nunca hubieran sido niños, y lo que es más admirable: cantan las virtudes de la soltería sin hijos cuando muchos, a buen seguro, ni son solteros ni carecen de ellos.

 “La libertad de no ser madre”, “Por qué hemos perdido la motivación de vivir en pareja”, “Las mujeres solteras y sin hijos son el grupo social más sano y feliz del planeta”, “¿Queremos a nuestros hijos por encima de todo?”... Esta ristra de titulares de 'El País', junto a muchos otros, recogidos en un hilo de Twitter por Rafael Núñez, nos lleva a pensar que hoy apenas cuatro idiotas tienen hijos. Esta fabulación nascifóbica —donde vemos de nuevo la inclinación por subir la apuesta, pues ya no es igualmente válido no tener hijos, sino, de hecho, mucho mejor— contrasta con el dato que espigaba César Rendueles para su reciente ensayo 'Contra la igualdad de oportunidades' (Seix Barral): “La encuesta de fecundidad que realizó el INE en 2018 mostró un resultado fascinante: tal vez vivamos en sociedades digitales, posmodernas, poliamorosas y del riesgo, pero nuestro deseo de tener hijos sigue incólume. Como siempre ha ocurrido, la inmensa mayoría de hombres y mujeres quieren ser padres y madres”. Después de hacer la innecesaria salvedad —imprescindible en estos días de idiocia— de que, como es obvio, le parece estupendo que alguien decida no tener hijos, Rendueles apunta: “Se calcula que las mujeres españolas que deciden de forma consciente, meditada y definitiva no tener ningún hijo no superan el 5%”.

 De hecho, ni siquiera proceden de ese 5% todos los artículos y tuits contra los hijos, pues la posmodernidad una cosa que sí permite es hacer campaña desde los 18 a los 35 contra los hijos, tener uno o dos entre los 35 y los 38, y seguir haciendo campaña contra los hijos durante el resto de tu vida. Nadie ve en ello contradicción alguna. A fin de cuentas, tenemos una ministra de Igualdad casada y con tres hijos, y con chalé, “conservadora” (sic) en lo sexual, adicta a las sesiones de foto con mucho maquillaje y variación de 'outfits', cuyo ministerio propone insistentemente que todo eso que la propia ministra disfruta (tener hijos, pareja estable, casa, dinero a mansalva, una apariencia canónicamente publicitaria y el vicio de exhibir su bonanza a la menor oportunidad) es malísimo, puro veneno; ni se te ocurra, amiga.


 

 Se predica continuamente que tener hijos y sacarlos adelante entre dos no es, como dice Manuel Vilas maravillosamente en 'Ordesa' (Alfaguara), “la lucha más hermosa del mundo”, sino una ordinariez y una lata. Se hace sentir culpable a una mujer por albergar deseos de ser madre, como si esa inclinación fuera propia de un títere del sistema o de una cabeza hueca. Luego, todos los que tanto predican y desaconsejan procrean sin pestañear siquiera. Pienso en esa mujer que hoy se cree rara por querer tener hijos cuando, según 'El País', no los tiene ya nadie. Le dicen que engrosa las filas de una minoría trasnochada, cuando en realidad forma parte de una mayoría de porvenir. Todo es mentira salvo conseguir saber lo que tú quieres de verdad hacer con tu vida.

Que los niños no puedan defenderse, y menos aún los no nacidos, es lo que me irrita mayormente de estas salvas y derrapes contra la natalidad y la infancia, de este 'bullying' continuado contra personas inocentes. Es la vuestra una frivolidad tan autoindulgente que linda ya en la eugenesia; vamos, en el fascismo.

Podría bajar uno al barro citando con demasiado entusiasmo el documental 'La teoría sueca del amor' (Erik Gandini, 2015), donde vemos las consecuencias tan lamentables de proponer desde el Estado que cada cual haga de su vida un interminable maratón en Netflix, en la creencia de que ese individualismo es lo que de verdad te hace feliz. Aunque es muy lúgubre saber por este documento que en Suecia hubo de crearse un funcionariado concreto para ir llamando a las casas de la gente a fin de averiguar si se había muerto —tanta soltería y soledad hacían común morir y que nadie se enterara—, ni siquiera me sale la maldad. En serio: moríos solos mientras Netflix pasa al siguiente capítulo. Queda guay.


 

 Pero sí quiero compartir con ustedes una idea juguetona que me viene a veces a la cabeza. Parece que nuestra baja natalidad hará difícil dentro de algunas décadas pagar la pensiones, pues habrá más pensionistas que trabajadores en activo. Normalmente aquellos que promueven “el fin de raza”, que diría Michi Panero, consideran que a todo esto le pondrá remedio la inmigración. Esto es: que tengan hijos los pobres. No deja de asombrarme la coherencia de la izquierda moderna: tu madre limpia mi chalet y los hijos que tenga pagarán mi pensión. (Vete tú a saber si acabando con los pobres no acabaríamos también con esta pseudo-izquierda.)

 Pues he aquí mi idea: que la cotización de los hijos una vez empiecen a trabajar se destine directamente a pagar la pensión de sus padres. Lo repito: directamente; patrimonio familiar. Si una mujer inmigrante tiene cuatro hijos que apenas puede mantener, cuando se jubile será rica. Ya dijo Diderot que “los pobres son los que mejor pueblan”. Así las cosas, ¿por qué tienen que pagar los pobres la pensión de los hípsteres? ¿Por qué tiene que cobrar más quien más aporte y no se considera aportación precisamente traer al mundo a uno o más cotizantes? ¿Por qué tienen que ser mis hijos “solidarios” con todos esos que los desprecian y que, de hecho, no querían ni que existieran? "

 


miércoles, 5 de agosto de 2020

EL IRLANDÉS

   Estamos ante una gran epopeya sobre la mafia italoamericana, pero abrigada de cierto intimismo. Una de las películas más esperadas de la temporada de 2019.

   Doce años llevaba Martin Scorsese dándole vueltas a la idea de hacer esta película, animado por su amigo Robert De Niro para adaptar el libro “Jimmy Hoffa, caso cerrado” de Charles Brandt. Y por fin se hizo realidad la que parece la última ocasión de reunir a un gran reparto espectacular y tan significativo para el género mafioso germinado en los 70.



  Una película en la que nada sobra y en la que está todo cuidado al mínimo detalle y que en absoluto tiene que ver con el concepto de miniserie de verla troceada, como largan por ahí los que al parecer nunca han visto obras maestras de larga duración como “Lo que el viento se llevó”  o “Doctor Zivago”. Síntomas de la mediocre época del fragmento y el microrelato.

   Para Scorsese “El irlandés” es un sueño hecho realidad en el que recupera un mundo que conoce muy bien y que ya ha sabido retratar perfectamente en varios de sus films. Es un gran sueño porque logró por fin reunir a sus actores fetiches.


 

   El personaje de Robert De Niro aparece representado entre los 24 y los 82 años de edad utilizando una nueva y minuciosa técnica de CGI para rejuvenecer los rostros, que ciertamente no es perfecta y tiene sus limitaciones a la hora de lograr en los ojos y la boca una verdadera naturalidad, pero cuando te metes de lleno en la gran interpretación del actor te olvidas del efecto y te dejas atrapar por la humanidad casi intacta de las interpretaciones.

 

Una brillante descripción de relaciones, sublime presentación de un gran entramado de personajes y la ambigüedad con la que el personaje de Frank se mueve entre ellos. Todo esto es construido portentosamente por Scorsese con su experimentada maquinaria narrativa en pleno funcionamiento. Aunque a diferencia de “Uno de los nuestros” o de “Casino”, es un estilo menos nervioso, menos grandilocuente, operístico o coreográfico. Aquí Scorsese quiere establecer puentes más afectivos que estilísticos con sus compañeros de generación.

 

“He oído que pintas cass”, le dice Hoffa a Sheeran en esa primera conversación entre ambos personajes. Es la frase que dio título al libro de Charles Brandt y que se convierte en la clave eufemística perfecta para describir la actividad de Sheeran.

 

   Aquí la los crimines se retratan con cierta sequedad, huyen de la espectacularidad y casi siempre del regodeo en la violencia, pero por su puesto Scorsese en todo su esplendor, en inteligente madurez, y como novedad aquí se le nota impregnado en cierta melancolía. Es una película en la que la nostalgia esta presente.

 

La película se estructura en grandes flashback, así el relato se instala en esa juventud, con ocasionales regresos al momento del viaje, hasta que ya por fin ambos tiempos confluyen definitivamente. Toda una labor de montaje. Maravillosos juegos con el tiempo. Comienza con dos personas con sus respectivas señoras que tienen que ir a una boda, y eso es lo que pone todo en movimiento.

   También la política estaunidense de esos años, y sus conexiones con la mafia, emerge intermitentemente en segundo plano, en una cinta que mantiene su carácter intimista de personajes, pero que también tiene flashes de carácter documental, como cuando al presentar por primera vez a algunos de los personajes históricos de la mafia o relacionado con ella, aparecen sobreimpresas en la imagen las circunstancias y la fecha de su muerte o con la imágenes reales del funeral de Bobby Kennedy. No hay que olvidar que se trata de una película de época y es importante ser realista ante los hechos.


   Scorsese quería retratar como funciona el poder en la vida real, que es silencioso y oscuro. Así son las fuerzas oscuras de la historia. Nunca se sabe quien lo ha hecho realmente o quién estaba detrás de todo. Esta película quiere ir a la esencia de las cosas, y la esencia son dos o tres personas sentadas en un bar, en un restaurante o en un coche. Personas a las que no les hace falta que digan qué es lo que van a hacer, porque todo pasa por una mirada.

 

   La lealtad es también otro de los temas de la película, y ahí es donde se hace especialmente interesante el personaje de Sheeran, que puede ejecutar órdenes de forma implacable o mantenerse en perfecta ambigüedad  entre los diferentes agentes del poder mafioso.

 

   También es una película sobre el paso del tiempo. Para sus protagonistas el paso del tiempo se ha convertido en un acicate y punto de tensión. También sobre la religión, todos sabemos la sensibilidad de Scorsese ante este tema al haber sido en su juventud seminarista, como se ve en la escena final. La religión como herencia y como último recurso al que se agarra Frank, aunque en esta ocasión el silencio de Dios toma forma de indiferencia moral ante sus propios actos.

 

   Y mención aparte merece su excelente banda sonora, pujante de canciones. La canción de 1956 “In the still of the night” interpretada por The Five Satins se convierte en el leit-motiv musical desde el propio inicio del film y de forma circular.

   Sublime la escena de la esposa de Hoffa sentada al volante de su coche, con su mano en la llave de contacto, dudando si girarla y temiendo que el vehículo estalle al hacerlo, es otra muestra de muchos instantes poderosos y definitorios de El irlandés.

   La brillantez de la escena en la que de forma sencilla pero definitoria frase cuando a Frank le dicen que su abogado a muerto y el pregunta “¿Quién lo ha hecho?”, reflejando la cotidianidad criminal de su instinto, donde en su forma de concebir la vida las cusas naturales de muerte no se contemplan.

   Impresionante la escena final del personaje Frank Sheeran en su vejez, sentado en silla de ruedas, pensando en su pasado y finalmente verbalizándolo, para dar paso a la voz en off que estructura buena parte del relato. Un largo y emotivo epílogo centrado en la vejez de Frank y el regreso a la residencia de ancianos.

 

 

martes, 30 de junio de 2020

SCARLETT


  Esta gran mini serie es la gran prueba de que las grandes historias de amor nunca terminan, siempre están ahí. Por ello estará siempre en el inconsciente colectivo el gran amor de Escarlata y Rhett, y por ello cuando en 1994 se estreno esta serie fue todo un bom mundial.



   Todo empezó cuando e 1991 Alexandra Ripley publica la novela “Scarlett” que pronto se convierte en un best seller por constituir la continuación oficial de “Lo que el viento se llevó” con el beneplácito de los herederos de Margaret Mitchel. Todos querían los derechos. Hasta que finalmente la productora pagó por ellos 9 millones de dólares. La mayor cantidad de dinero que se ha pagado jamás por los derechos de un libro. 



  Y desde el primer momento que se conoció la noticia de su adaptación y debido al interés mundial que esto generó, no ha habido hasta la fecha otro drama televisivo que haya generado esta emoción en el mundo.
  “Scarlett” tiene menos de ese carácter bélico e histórico que tiene “Lo que el viento se llevó” y se trata más bien de una historia más personal, de un viaje emocional y sobre las prioridades vitales de una mujer. Por ello no se debe comparar con la película “Lo que el viento se llevó” porque ambas concurren por caminos distintos. Esta no trata de imitar ni de copiar, tan solo es la oportunidad de continuar una leyenda, un amor inmortal. Es la historia de la persecución de Scarlett por el amor. Una mujer que vive según sus propias reglas.


   La serie se rodó en tres países. El momento más esperado fue la filmación del regreso de Scarlett a la casa familiar, a Tara. Para ello se hizo un replica perfecta a partir de los bocetos originales. Una casa que se deteriorada como un símbolo de que muchas heridas aún no han cicatrizado.




   En Charleston se rodaron la mayoría de las localizaciones de exteriores, junto con las bellas localizaciones que se rodaron en Irlanda. Para el departamento de arte esta serie constituyó un verdadero reto nunca hecho. En total se rodaron en 167 exteriores distintos. Como también fue un reto para el departamento de vestuario, cuidados hasta el último detalle. El personaje de Scarlett cambia de vestido unas 120 veces, y cada uno de esos vestidos reflejan algo de la personalidad y el carácter de la protagonista: su capricho, su frivolidad, su fortaleza, su humildad, su espíritu de lucha…




 Como también los decorados: el mercado, la plantación, los edificios y por supuesto las recreaciones de lugares que en “Lo que el viento se llevó” fueron importantes, como las escaleras de la casa de Atlanta donde Scarlett y Rhett comenzaron su matrimonio fallido.

   Un gran mérito de esta serie fue el gran casting que se hizo en todo el mundo para elegir a los míticos personajes de esta gran historia universal.  Joanne Whalley hace un trabajo fantástico, en muchos de sus gestos y movimientos se transmite esa frivolidad del personaje de Scarlett que también transmitía Vivian Leight.  Y para Rhett se eligió a Timothy Dalton  en este uno de sus mejores trabajos. Sin copiar, porque es imposible, a Clark Gable, logra transmitir esa ironía en su mirada y ese aire burletero del personaje. La serie cuenta con secundarios de lujo como John  para el John Gielgud, el arrogante abuelo de Scarlett. O de una de las actrices fetiches del directo, Ann –Margret en el papel de Bell, la famosa madam del burdel y la única mujer en la que Rhett  confía de verdad. Y por supuesto destacar al personaje de Asley, donde aquí se le retrata con bigote como originalmente así lo describía Margaret Michel en su novela, y con el pelo ondulado en homenaje a Leslie Howard. Y también a la gran actriz  Julie Harris como la madre de Rhett.





El viraje dramático de esta película comienza con una tormenta en la que se ven envueltos Reth y Scarlett mientras navegaban en un bote. Tendrá lugar entre ellos una circunstancia que cambiará sus vidas y Scarlett decide refugiarse en la tierra de su familia paterna, Irlanda. En esta serie Irlanda representa la búsqueda de una nueva vida siguiendo las huellas de su padre.


   Se recrea muy bien el conflicto entre los campesinos y los terratenientes ingleses, reflejo de un conflicto histórico en la que Scarlett se verá salpicada.  En Irlanda Scarlett conocerá el verdadero concepto de amor de familia en toda su familia paterna. Allí recibirá mucho amor y será como todo un proceso de maduración de chiquilla frívola a mujer.  Va madurando, resulta más tierna, pero sin perder su característica ironía y elegancia. 


   Gran merito de la serie es el villano Lord Fenton, interpretado portentosamente por Sean Bean. Un personaje oscuro y siniestro, pero atractivo y educado a la vez. Una especie de  dr Jekyll y mr Hyde . En esta etapa de la historia de contó con actrices irlandesas que dotan a la historia de una verosimilitud muy lograda, como los personajes de la señora Frick Patrick o de Mery Boy.



   Una escena que me impactó mucho por su espectacularidad y su terror es la que acontece en la noche de todos los Santos cuando Scarlett va a dar a luz y le practican una cesárea siguiendo unos antiguos ritos célticos. Se contó para ello con el asesoramiento de un “bruja” conocedora de estos rituales antiguos. Y la escena es totalmente sobrecogedora. 

   También son espectaculares las bellas escenas que tienen lugar en marcos incomparables como el castillo de Dublín, las fincas, las ruinas de la originaria Tara de Irlanda o las de la cacería del zorro.

   Y por supuesto destacar la poderosa banda sonora que compuso John Morris. Tenía un gran reto de hacer una hermosa partitura sabiendo que no podía competir con la de Max Stainer. Y sin entrar en comparaciones, logro una música muy especial que da un acarter propia a esta nueva Scarlett. Tambien unas partituras adaptadas a cada situación y lugar, como las referidas a su estancia en Irlanda o el tema referido cuando descubren las ruinas de la primera Tara. Es como una especie de nuevo tema de Tara grandioso y muy hermoso. Y también se hizo una llamada "Love hurts" interpretada por la the Munich Philarmonic Orchestra y cantada por Nazareth.Un hermoso tema romantico con mucha fuerza. 


   En definitiva Scarlett es la historia de la transformación de una mujer, de un viaje interior y exterior. Una mujer que aprenderá a ser comprensiva y a saber reparar las consciencias de sus acciones.  Todo un proceso de maduración en el que Scarlett aprenderá el valor de ser una persona auténtica y  el significado de las palabras: respeto, cariño y amor.



 John Erman pone toda la carne en el asador con esta su gran obra, todo un meticuloso trabajo para dar vida a otro tiempo, a otra cultura, a las tradiciones irlandesas… Dar vida a los restos de una nueva civilización que el viento dejó.



   Scarlett es una poderosa aventura romántica que hay que ver sin prejuicios ni afanes comparativos. Es la historia de amor más memorable de una mujer.

   Se hizo una gran campaña de publicidad en España para su estreno en televisión que siempre se me ha quedado marcada como uno de mis recuerdos más entrañables de mi infancia por la grandiosidad del proyecto y como se presentaba: la músia, las imagenes...Todo tenía como una magia especial. Era como un clásico que volvía. Me enamoré de Scarlett. Recorté todos los hermosos carteles que salian en las revistas para publicitarla.



   Recuerdo esos paseos con mi madre por la calle Triana y como quedé fascinado cuando entramos al desaparecido centro comercial Cardona y en una mesa hacia cientos de libros de Scarlett. Estaban los grandes de tapa dura, edición de lujo, y luego estaban las culumnas de las ediciones de bolsillos. Todos tenian el fascitante cartel de la serie de televisión como portada. Convencí a mi madre para que me comprase la edición de bolsillo, porque la otra valia muy cara. Muchos años más tarde, ya cuando mi madre se fue... conseguí en una tienda de libros de segunda mano aquella edición de tapa dura que era la cara. Recuerdos.


  Mi primera visión de la serie, siendo un niño, evidentemente no fue la misma que las otras veces que la he visto siendo adulto. Porque no entendia muchas cosas y se me escapaban cosas de la trama o enlaces con "Lo que el viento se llevó"  que tampoco entendía. Pero a pesar de ello, era una serie me atrapada por ese aire de miticidad, de leyenda, de acontecimiento televisivo, de estar viendo algo histórico. 




   Fue Antena 3 la que tenia los derechos y  por tanto la que hizo un despliegue maravilloso de trailes, anuncios, spots... Algunos de ellos los han recuperado en youtube y son como una máquina del tiempo de aquella época entrañable. El estreno fue el 19 de noviembre de 1994, un jueves. Y cada jueves ponían un capítulo. En futuras reposiciones la pusieron en un solo fin de semana, todo un maratón. 


   Y una vez que ya la serie se emitió por televisión y pasado un tiempo, una tarde paseando con mi madre por Triana, entramos a una de las mejores tiendas que se llamaba Bazar Nueva York, que era toda una delicia; vendian películas, cd, juguetes, artículos de regalos... Y ese día vi una gran columna de packs de vhs de Scarlett. Quedé fascinado por aquella joya, eran 4 vhs envueltos en una caja con el hermoso cartel de la película. Por fin podía tener la serie Scarlett a mi disposición y verla cuando quisiera. Pero no, al menos no ese día. Valía muy cara. Por aquél entonces ese pack creo que costaba 5.995 pesetas. Demasiado dinero para unas películas al menos para mi madre en aquellos años. Viviamos solo de un sueldo y no nos lo podiamos permitir. Pero yo en mi ignorancia de niño me comporté como un caprichoso llorando y suplicándole que me lo comprara. Estuve por toda la calle Triana llorando y supliacándole. Mi podre madre...menuda paciencia. Pero eso día el dinero fue para el supermercado como es logico. Aquél supermercado que se encontraba en una de las boca calles de Triana, antes era un Cruz Mayor y hoy es un HiperDino.Y menuda perreta de llorera cogi mientras ella compraba.


  No fue hasta un tiempo después en que mi madre al fin pudo comprármelas y aún las tengo como oro en paño, como uno de mis mejores recuerdos de mi infancia cinéfila. Así como también el libro de bolsillo que me compró en Cardona. Yo creo que quizá es por eso el cariño con el que hablo de esta serie, continuación de "Lo que el viento se llevó", por ser una parte de mi infancia que pude ver con mi madre. Y hoy, cuando ella ya no esta, todo eso en mi memoria se engrandece porque forma parte de un tiempo feliz que nunca más volverá...